lunes, 4 de febrero de 2013





El Sisal de Azua, campo de exterminio de antitrujillistas (I)

Santiago Estrella Veloz
Historiador
Eldiariolibre.com.do

Sisal o agave, llamada cabuya en La Española.La historia de El Sisal de Azua, uno de los campos de concentración más terribles que existió en el país, no puede escribirse si no se menciona al General José María Alcántara. Ese campo para recluir prisioneros políticos adversarios de Trujillo se llamaba así porque en 1950 al dictador se le ocurrió establecer su propia plantación de sisal o agave, planta llamada cabuya por los aborígenes de La Española. Es originaria de Yucatán, México, y su fibra es utilizada para fabricar cuerdas, sacos, lonas y otros productos similares. El agave azul es materia prima para la bebida llamada tequila mexicana.
En aquella época, los sacos para empacar el azúcar, arroz, café y cacao que se producía en la República Dominicana eran comprados principalmente en México. Cuando los precios se dispararon, Trujillo decidió cultivar su propio sisal y establecer una fábrica de sacos y cordelería. Total, la industria del azúcar era de su exclusiva propiedad y de sus familiares más cercanos que eran propietarios de acciones, negocio compartido en menor grado con algunos inversionistas norteamericanos
Con el propósito de instalar la fábrica de sacos y cordelería, se creó la Dirección de Fomento y Cultivo del Sisal, en Pueblo Viejo de Azua. Las edificaciones y sus dependencias fueron inauguradas el 25 de octubre de 1952. Las obras inauguradas consistían en 20 edificaciones de madera para alojar el personal dirigente, a los empleados y obreros, y para uso de talleres, almacenes y garajes de la empresa, todas las cuales disponían de cinco molinos de viento con sus respectivos pozos tubulares para proporcionar agua, además de contar con energía eléctrica y una red telefónica a dos vías, de 17 kilómetros, conectada con la central de teléfono interurbano de Azua, y varios caminos carreteros interiores, además de la vía principal.
En un discurso, el representante de la secretaría de Agricultura, agrónomo Juan Pablo Duarte, homónimo del Padre de la Patria, dijo que las obras de El Sisal tendían "al bienestar colectivo, como todas aquellas que construye el superior Gobierno en esta civilista Era de Trujillo"
Es evidente que el orador ignoraba que El Sisal se convertiría en un campo de concentración y, aunque lo sospechara, era impensable que se atreviera a decirlo.
Los trabajos formales para dar paso a la plantación se iniciaron en El Rosario, de Azua, cuando en mayo de 1950 llegaron allí múltiples equipos pesados, que de inmediato comenzaron a tumbar árboles y eliminar todo escollo existente para acondicionar los terrenos. Los bulbos de sisal fueron llevados en furgones, pues basta solo con decir que la extensión a sembrar era de alrededor de 120 kilómetros cuadrados. Los trabajos de preparación de tierras hasta que comenzó la cosecha de sisal duraron nada más y nada menos que dos años.
Como era natural, no había tantos trabajadores para trabajar en esa finca tan extensa. Entonces fue que comenzó el reclutamiento forzado de hombres, no importa en cuál sitio del país. El Ejército asumió esa tarea. Cientos de infelices que eran detenidos por las patrullas en pueblos y caminos, eran obligados a montarse en camiones para ser trasladados a El Sisal, no importaba que tuvieran sus documentos al día. No se les permitía siquiera avisar a los familiares, lo que provocaba incertidumbre y miedo en los hogares.
Pero también a El Sisal fueron llevados numerosos presos políticos, que fueron sacados de las cárceles La Victoria y La 40. Eran sencillamente presos, y como se decía en épocas pasadas "el preso no es gente". En El Sisal, los prisioneros eran forzados a trabajar de sol a sol, sin agua y prácticamente sin comida, pues la que cocinaban los militares no alcanzaba para tanta gente.
En El Sisal, uno de los militares más crueles fue el coronel José María Alcántara, designado por Trujillo como comandante, autor de numerosos crímenes. Sustituyó al general Arturo R. Espaillat, mejor conocido como "Navajita" o "La Gillette", en referencia a su crueldad, aunque curiosamente no ha sido mencionado como asesino de presos en El Sisal. Uno de los principales ayudantes de Alcántara era el coronel Edigen Nin, descrito por los presos como "un hombre sin compasión", que se regocijaba con el sufrimiento de los demás y al que se le atribuyeron numerosos crímenes.
Alcántara había sido trasladado allí con un rango inmediatamente inferior al de teniente coronel porque en una ocasión intentó matar a un general con el que tuvo una discusión. Según versiones, no logró su objetivo por la rápida intervención de otros militares.
Una de las tantas historias recogidas entre ex prisioneros de El Sisal da cuenta de que, en una ocasión, un preso estaba inmóvil porque se encontraba enfermo. Alcántara preguntó por qué el hombre no estaba en El Sisal, a lo que un ayudante le dijo que tenía la cara hinchada debido a la infección de una muela. Alcántara llamó al preso y le exigió que abriera la boca. Cuando el infeliz así lo hizo, Alcántara sacó rápidamente su pistola y le dio un balazo en plena boca. Los sesos y la sangre del preso salpicaron el uniforme del coronel, quien sin mediar palabras abandonó el lugar para cambiarse de ropa y continuar con su tarea.
En otra ocasión, a ocho prisioneros que intentaron escapar se les obligó a agruparse, tras de lo cual Alcántara dio la orden a unos guardias para que los ametrallaran.
Los cadáveres fueron colgados de una viga con dos soportes en los extremos, como "escarmiento" para los demás presos, que tenían que durante un par de días tuvieron que pasar por debajo de los muertos presionados por los militares, para que presenciaran la macabra escena.
Es difícil de creer, pero otra historia refiere que en una ocasión, después de reunir a los presos preguntar cuáles estaban enfermos, unos 80 levantaron la mano, supuestamente para ser llevados a un hospital. Alcántara mandó a construir un gran hoyo, para lo cual tuvo que ser utilizada una pala mecánica. Ordenó alinear a los hombres a orillas del hoyo y entonces hizo una señal al teniente Ramón Castillo, hombre de su confianza, quien a su vez dio la orden de "!fuego!" a los guardias que le acompañaban, que dispararon sus ametralladoras hasta agotar los tiros. Otros presos dejados con vida para que taparan el hoyo después de la masacre, también fueron fusilados.
Un método de tortura para castigar a algunos prisioneros consistía en amarrarlos en el interior de una caseta, donde se les estampaba un hierro caliente en el pecho con la inscripción El Sisal, como si se tratara de animales. Era una práctica parecida a la utilizada por los nazis contra los prisioneros judíos, que eran marcados con un número con hierros al rojo vivo. En ocasiones esto se hacía en El Sisal simultáneamente con otros prisioneros, para que los alaridos fuesen más claramente escuchados por sus compañeros y así aumentara su miedo.
Este hombre sanguinario, Alcántara, nació el 5 de abril de 1908 en el paraje Sabana Mula, de San Juan de la Maguana, hijo de José Ramón Alcántara y María Regla Contreras. En su juventud, Alcántara trabajó como vendedor de pan, hasta que un buen día, tras una discusión con Manuel, su hermano mayor, le hirió con un cuchillo y se fue de la casa, a donde regresó tiempo después vestido de militar. En esa calidad estuvo de puesto en muchos pueblos, tanto en el Este como en el Suroeste, pero fue en Pedro Santana donde Alcántara asesinó más gentes, entre ellos centenares de haitianos. El método era ahorcarlos en una Ceiba, conocida luego como "la Ceiba de Alcántara".
El coronel Alcántara, siendo capitán, participó también en el asesinato de Porfirio Ernesto Ramírez Alcántara, alias Prim, hermano del exiliado Miguel Ángel Ramírez Alcántara, quien llegó a ser general durante la guerra librada en Costa Rica por José Figueres.
Prim y otras ocho personas fueron emboscadas en la carretera Sánchez, en el lugar llamado El Número, de Nizao. Esa operación estuvo dirigida por el general Federico Fiallo y tuvo lugar el 1 de junio de 1950. En la misma participaron también el capitán José Demetrio Almonte Mayer, el ex capitán Augusto María Ferrando, el teniente José de la Cruz y el sargento Alejandro Méndez, de la Policía, además de un raso no identificado.
A El Sisal fueron llevados numerosos presos políticos, que fueron sacados de las cárceles La Victoria y La 40. Eran sencillamente presos, y como se decía en épocas pasadas "el preso no es gente".
En El Sisal, eran forzados a trabajar de sol a sol, sin agua y prácticamente sin comida, pues la que cocinaban los militares no alcanzaba para tanta gente.
Fuentes consultadas: El Caribe, 26 de octubre de 1952; Listín Diario, 7 de julio de 1967: periódicos nacionales, 15 de septiembre, 1970; Entrevistas del autor con algunos militares retirados; Archivo General de la Nación.
(Continuará)

Para más detalles, pueden leer el libro El sisal, esclavitud y muerte en la Era de Trujillo
de Rafael Cuello.
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Las atrocidades cometidas por esbirros de Trujillo agrupados en pandilla “La  42”

El grupo operaba antes de que el “jefe” llegara al poder y fue un avance de lo que viviría el país

Escrito por: Chichí de Jesús Reyes
24 de mayo, 2011
Hoy.com.do

Con este simbólico nombre,  La 42,  se identificaba la pandilla de  vándalos reclutados por Trujillo  con licencia para amenazar, atropellar e incluso matar a todo aquel que se opusiera a las pretensiones del futuro dictador.
Dependía directamente de Trujillo y solo de él recibía órdenes. Ningún funcionario, civil o militar,  por alta que fuere su investidura,  podía intervenir en las acciones del grupo de forajidos.
El grupo de sicarios lo comandaba  Miguel Angel Paulino, señor de horca y cuchillo, que gozaba del aprecio y el respaldo del jefe del Ejército y próximo Presidente de  la República.
El comercio capitalino sufrió lo indecible de manos del cuerpo paramilitar, cuyos miembros comían, vestían y tomaban mercancías y bebidas sin hacer efectivo el pago de las mismas; por el contrario, exigían  soborno para la protección de las propiedades, siempre y cuando los dueños no despertaran sospecha de rechazo a Trujillo.
La misión de la pandilla era esencialmente política, de represión brutal contra los opositores a las pretensiones de su  mentor y jefe. Las armas las suministraba el Ejército, y la plana mayor, con Paulino al frente, se movilizaba en  vehículos  desprovistos de identificación, pero ostentando en su frente y en la parte posterior del automóvil chapas  mal dibujadas, con el temible inscripción  “La 42”.
Días antes de las elecciones del 16 de  mayo de 1930 la Alianza Nacional Progresista  había denunciado ante la Corte de Primera Instancia  de El Seibo la ilegalidad del nombramiento de un miembro de una mesa electoral de la localidad.
El caso fue llevado en apelación  ante la Corte de Apelación de Santo Domingo, que debía fallar   48 horas después. Momentos antes del fallo el local del tribunal  fue invadido violentamente por elementos fuertemente armados, pertenecientes a  la banda.
La pandilla amenazó de muerte a los jueces si el fallo era contrario a los intereses de Trujillo.  
La lectura de la sentencia fue aplazada, pero el grupo de sicarios aparentemente no había completado la tarea que se le había encomendado. Volvieron en la noche y tumbaron la puerta del juzgado, saquearon y destruyeron todos los ajuares tratando de localizar  el expediente del caso.
Mientras sucedía esto, Trujillo y el presidente interino, Jacinto Peynado,  presenciaban alegremente desde una de las casas de la vecindad la obra de  los sujetos.
El 18 de mayo, la casa del presidente de la Corte de Apelación fue saqueada tratando de localizarlo, pero el funcionario logró escapar por el techo de la vivienda. Mientras se trataba de apresar al magistrado,  Francisco A. Hernández, otros socios de la banda, acompañados de efectivos del Ejército,  arrestaban en su residencia de la calle El Conde  a don Federico Velásquez, candidato presidencial de la Alianza y exvice del Presidente Vásquez. Ante el incremento de las persecuciones,  otros  jueces de la Corte, y el líder horacista, Pelegrín  Castillo, se refugiaron en la residencia del licenciado Julio Ortega Frier, en el sector de Gazcue, luego  de la negativa de la Legación Americana de recibirlos en su sede.
Otro  de los jueces, el respetado  Carlos Gatón Richiez,  tuvo que disfrazarse de mujer para burlar la  vigilancia de la pandilla trujillista.
Ante la imposibilidad de escapar  la persecución, desamparados y en constante peligro de muerte; amenazados y atropellados y vejados sus esposas e hijos, los  magistrados  decidieron entregar toda la documentación del caso al Procurador General de la República. licenciado Ramón O. Lovatón. Además de  Hernández y Gatón Richez, la Corte de alzada la integraban los magistrados  Marino Emilio Cáceres, Esteban S. Mesa, y G. Soñé Nolasco, quienes a pesar de los  vejámenes resistieron los dicterios de Trujillo y sus hombres.
El nombre de La 42 procedía de la Compañía de Infantería de la marina  norteamericana que desembarcó en suelo  patrio en    1916, cuyos miembros atropellaron salvajemente a los dominicanos que se opusieron a la ocupación.
Con frecuencia el grupo de delincuentes organizaba jocheos y comilonas a los que  asistían Trujillo, el Presidente Peynado y el licenciado Rafael Estrella Ureña, así como altos funcionarios públicos, acompañados de mujeres  seleccionadas que bailaban y cantaban hasta altas horas de la noche. El cuartel general de la pandilla estaba en la  casa del Padre Andrickson, conocida después de los ‘60 como ensanche Cucaracha, en la calle  Jacinto de la Concha, después de la México, de    Villa Francisca, donde ahora funciona la Pastoral Juvenil. 82 años se cumplen ahora, en mayo, ¡de la aparición de este sicariato político!...   
Origen del nombre
El nombre de La 42 sobrevino de la Compañía de Infantería de la marina  norteamericana que desembarcó en suelo patrio en de 1916, cuyos miembros atropellaron salvajemente a los dominicanos que se opusieron a la ocupación.  Con frecuencia el grupo de delincuentes organizaba jocheos y comilonas a los que  asistía Trujillo, el Presidente Peynado y el Lic. Rafael Estrella Ureña, así como altos funcionarios públicos, acompañados de mujeres seleccionadas que bailaban y cantaban hasta altas horas de la noche.
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CASA DE TORTURAS DE LA 40 

Revista 110 - Ecoportaldominicano.com
30 de mayo, 2009
Oscuras noches de martirio sin tregua en tétricas celdas

En principio, era una residencia campestre propiedad del general Juan Tomás Díaz, situada en las afueras de Ciudad Trujillo. Pero las apetencias desbordadas del todopoderoso dueño de vidas y conciencias del país, el "generalísimo" Rafael Leonidas Trujillo Molina, hicieron que su propietario "cediera" al tirano esta casa que fue convertida de golpe y porrazo, en uno de los más temidos, terribles y odiados centros de torturas.


La 40, llamada así por estar localizada en la calle del mismo nombre en lo que hoy es parte de la barriada de Cristo Rey, fue testigo mudo de los horrorosos, refinados y avanzados métodos de tortura para arrancar confesiones, muchas veces hechas para evitar que se siguiera aplicando el castigo, se constituyó en una especie de leyenda funesta para la nación.


Quienes estaban a cargo de suministrar las torturas eran oficiales allegados al "jefe" y su hijo Ramfis, así como algunos amigos desaprensivos y degenerados que descargaban sus frustraciones en ese antro de maldad y opresión. "El que entra en la 40, sale loco o sale muerto" era la frase que se comentaba soterradamente en la población.




Y así, centenares de hombres, mujeres y niños penetraron a ese suplicio para no reaparecer jamás. Miles de ciudadanos caminaron por sus pasillos rumbo a las celdas y a las torturas que se aplicaban más allá de la última puerta, situada al final de un tétrico corredor de muerte por donde la tiranía trujillista hacía transitar a sus víctimas, hasta el camino final: la muerte, llamada Maru-Maur por sus inquilinos en referencia a una novela de moda en la época.

La cárcel de la 40, algo que solo puede concebir la ficción novelística más desgarradora, fue un antro de torturas que en República Dominicana que operó bajo la tiranía de Rafael Leonidas Trujillo, a partir de 1955, manejado por gente a la que la castración política y moral le definiría como "pobres diablos". Allí convergía y se sintetizaba el trabajo del vasto esqueleto represivo dirigido por Johnny Abbes García –el temido jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM)-, quien tenía su escritorio en la principal caseta destinada a la tortura.

"Pobres diablos"

Era un trabajo que iniciaba por la labor de un cuerpo de soplones pertenecientes a todas las escalas sociales, a quienes les competía informar de cualquier movimiento raro. De inmediato, entraban en acción los responsables de verificar, en el terreno, la situación informada. Detectada la naturaleza "conspirativa", se daba paso a los equipos de "esbirros" montados en pequeños Volkswagen (carritos cepillos), con dotación de armas cortas y largas, cuya especialidad era robarse a la persona denunciada.

Al menos así lo relata el doctor Rafael Valera Benítez, en su obra "Complot Develado", quien describe que esa tarea era desarrollada en horas de la madrugada mediante una operación relámpago en los domicilios o algún sitio discreto, después de que la víctima era seguida con toda parsimonia.

Y cuando la actuación discreta era la regla recomendada, no excluía el asalto violento. Esos equipos patrullaban todo el país, región por región, a base de un cuadro de personal con turnos rotativos, y cada carrito era dotado de un transmisor que remitía a la estación central situada en la 40.

De esa forma, el ruido de los motores de los "cepillos", había convertido la presencia de los pequeños carritos en un esmerado ritual terrorífico que hacía cundir el pánico por doquier. Una vez en el palacio de los suplicios, el cautivo era fichado, se dilucidaban las implicaciones políticas y si procedía o no una acción represiva.

Por supuesto que, según los relatos de Valera Benítez - quien estuvo recluido en la cámara de torturas-, ese tipo de evaluadores jurídicos no tenían nada que ver con los soplones que se trasladaban al terreno de los hechos después de una confidencia, lo que no significaba que esos abogados no pusieran su granito de arena en la labor de extracción de confesiones, "y se unían al coro de torturadores haciendo uso de bastones eléctricos dotados de pilas de alto voltaje que se aplicaban en las partes vitales del prisionero desnudo y esposado ante sus verdugos".

Los diversos medios de transmisión de mensajes y el manejo de sofisticados aparatos para la transmisión y recepción de los mismos, formaban parte del personal que motorizaba esa fábrica del crimen.

Un infierno sin treguas

Por la secuencia que tenía el origen y desarrollo de la represión, cada prisionero tenía su escena preparada cuando ingresaba a la 40, mientras en toda la prisión, no cesaba la tortura del más diverso modo, en medio de un "frenesí bestial", en el que se entremezclaban, torturadores y hombres desnudos y esposados dando alaridos y revolcándose como "gallinas decapitadas", según narra el citado autor.

"Es indescriptible el impacto que produce en el ánimo más aplomado, contemplar a un hombre indefenso y desnudo, vuelto una masa de carne lacerada y convertido en una especie de cebra bípeda con todo el cuerpo cubierto de surcos negros y sanguinolentos causados por pelas de más de 200 azotes, que se aplicaban con foetes, gruesos alambres y tubos de material plástico".

Qué decir de los alaridos provocados por la aplicación de corriente eléctrica, con su efecto quemante en todo el sistema nervioso, o la escena, en especial dramática, de un hombre desnudo y amarrado a una poltrona recubierta de láminas de cobre: "la víctima se retorcía al recibir las descargas eléctricas y las contracciones de su cuerpo que se sucedían entre aullidos de dolor para producir una visión realmente insoportable".

Torturadores profesionales

Hurgar en los relatos es como para entruñar el rostro del más sosegado. Es que mientras ese espectáculo espeluznante seguía su ritual, el coro de torturadores, en medio de las pausas, vertía toda suerte de chistes y sarcasmos con respecto a las víctimas, mayorías adversas políticamente al régimen de Trujillo, en tanto practicaban la diversión de apagar cigarrillos, de manera continua, en los cuerpos de los maniatados en la silla.

"Cuando alguien perdía el conocimiento, como consecuencia de las pelas aplicadas en un cuadrilátero denominado "El Coliseo" por dos o tres esbirros a la vez, sobre el cuerpo despellejado y en carne viva del cautivo, era derramada una lata de agua de sal, o se le sentaba en la silla para reanimarlo con descargas eléctricas".

La imaginación no tenía límites al momento de poner en práctica las más aberrantes formas de torturas. Por ejemplo, según los relatos, la enceguecedora luz que emanaba de un potente foco, quemaba el cerebro de los interrogados, aun cuando intentaban mantener los ojos cerrados.

Noches de terror

Ese "Coliseo", testigo de tantas penurias, también fue escenario para hacer entrar en acción a perros amaestrados que eran azuzados contra el cautivo, siempre desnudo y esposado, que sufría un ataque intermitente con pausas de 30 segundos a un minuto, lapso en el cual, se reanudaba el asediante interrogatorio para darle paso a una nueva acometida de los canes.

"Los perros, como verdaderos seres humanos, obedecían de manera automática tanto la orden de atacar, como la de suspender el ataque. Aquello era un sistema de tortura física y sicológica. Eso no es todo, la aplicación de los tubos eléctricos en las partes vitales era cosa común".

Había un grupo de sicarios comandados por Abbes García, que de manera particular llevaba la voz cantante en las sesiones de tortura. Según los relatos, ellos eran el entonces mayor de la Aviación Militar Dominicana, Tavito Balcarce, y el sargento de la policía Juan Reyes (Juan Mi Sangre), así como el general Tunti Sánchez y el no menos nefasto Rodríguez Villeta, quienes jugaron un papel protagónico en esa tarea.

Alternaba el ultraje el ex mayor de la Aviación Militar llamado César Báez y Báez, casado con un miembro de la familia Trujillo, y Cándido Torres, subjefe de la represión.

Nombres, hay muchos. Solo se mencionan algunos que sobrevivieron a esa barbarie y salvajismo. Entre éstos: Marcos Pérez Collado, Lisandro Antonio Macarrulla Reyes, Rafael Valera Benítez, Alfredo Parra Beato, René del Risco Bermúdez, José Daniel Ariza Cabral y el profesor Antonio Cuello, por citar algunos.

Sin embargo, como apunta Valera Benítez, todos los torturadores mencionados, han gozado, unos en el país y otros en el extranjero, de la más placentera impunidad, llegando en ocasiones a ocupar importantes puestos en la administración gubernamental de otros tiempos.

Es decir, que los procedimientos e investigaciones realizadas fueron sepultados, ignorados o revocados por los Abbes García, y políticos y personas de toga y birrete que campean a todo lo largo y ancho de la isla lacerada.

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LOS BIENES DE TRUJILLO

BIENES DE TRUJILLO ESTABAN REPARTIDOS EN: HACIENDAS Y PROPIEDADES RURALES, INVERSIONES EN EMPRESAS, POSESIóN DE ACCIONES DIVERSAS, DEUDORES, YATE ANGELITA, SOLARES, PROPIEDADES RURALES, Y BIENES E INVERSIONES DE MARíA DE LOS ÁNGELES MARTíNEZ DE TRUJILLO
Trujillo poseia 150 millones de dólares, 148 millones de pesos y 348,369 tareas de tierra
Por Alejandro Paulino Ramos
Historiador
Subdirector Archivo General de la Nación
Naciondominicana.com

Santo Domingo, RD.- Hace un par de años el Archivo General de la Nación recibió una copia del inventario de las propiedades, empresas y recursos económicos acumulados por Rafael L. Trujillo M. en sus treinta años de dictadura. El documento, en que se enumera todo lo que poseía el dictador al momento de su muerte, está fechado 5 de julio de 1961.

En él aparece de manera detallada la riqueza acumulada por el dictador hasta la hora de su muerte, ascendente a 148 millones 800 mil pesos. Además, se tiene calculado en 150 millones de dólares el dinero depositado por Trujillo, tanto a su nombre como a nombre de familiares y testaferros, en bancos extranjeros.

Tomando este documento como referencia, ahora sabemos que los bienes de Trujillo estaban repartidos en: Haciendas y propiedades rurales, inversiones en empresas, posesión de acciones diversas, deudores, el Yate Angelita, solares, propiedades rurales, y bienes e inversiones de María de los Ángeles Martínez Alba de Trujillo.

Para que se tenga una idea, basta destacar que Trujillo tenía fincas en La Victoria, La Estrella, Hato Nuevo, San Cristóbal, La Vega, Santiago, Monseñor Nouel, Cotui, Distrito Nacional, San Juan de la Maguana, San José de las Matas, Monte Cristy y Guayubin. La suma de toda la tierra de Trujillo asciende a 348,369 tareas, además de poseer residencias, casas de alquiler y solares en casi todas las provincias del país. 

Las empresas más importantes controladas por el dictador eran la Dominican Republic Sttlament, el Santo Domingo Country Club, Azucarera Haina, Industria Licorera La Altagracia, Laboratorio Químico Dominicano, Cervecería Nacional Dominicana, Editora La Nacion, Banco de Crédito Agrícola e industrial, Explotación Minera Hatillo, Industrial dominico-Suiza y la Industria Dominica de Alcoholes.

Pero, imagino que ustedes se estarán preguntando, y cómo Trujillo pudo acumular tanta riqueza, cómo fue que utilizo el Estado para enriquecerse de manera desmedida? Cómo fue que Trujillo, con un salario de $400 dólares como Brigadier General del Ejército en 1928 y de $700 dólares que recibía en 1939 como presidente, pudo acumular una riqueza de más de 300 millones de dólares en su período de gobierno. 

Leyendo los documentos publicados por el historiador Eliades Acosta, he seleccionado una muestra que puede ayudar a entender la voracidad del dictador, y que conste, que no estamos hablando de toda la riqueza acumulada en manos de sus hermanos, hijos y demás familiares, la que debe ser exorbitante. 

La acumulación de riqueza de Trujillo se inició durante la ocupación militar americana, y la forma en se apropiaba de lo ajeno, aparece claramente establecido en el expediente del consejo de guerra a que fue sometido en 1920, cuando era apenas segundo Teniente de la Guardia Nacional Dominicana. En el referido expediente preservado en Washington, Trujillo fue acusado de “violación e intento de estupro” y por “conducta escandalosa tendiente a la destrucción de las buenas costumbres”. 

Los oficiales norteamericanos que llevaban el consejo de guerra contra Trujillo, destacaron el intento de estupro contra la joven Isabel Guzmán, de 17 años, y el cobro fraudulento de 150 dólares hecho contra el padre de la misma, para dejarlo en libertad. Se destaca en la acusación que “el dicho Rafael L. Trujillo, (…), voluntariamente, de manera ilegal, mal intencionada y corrupta, se apropió para su uso y beneficio, de la citada suma (…), obtenido incorrectamente, para vergüenza y deshonra del servicio de la Guardia Nacional Dominicana y del Gobierno Militar de Estados Unidos en República Dominicana.” 

En 1926, siendo Trujillo el Jefe de la Policía Nacional, en la Cámara de Diputados se dispuso, cuando se estaba discutiendo la Ley de caminos, que quedaba “prohibido bajo pena de destitución a la Policía Nacional Dominicana y a los Policías Municipales tomar participación alguna, a menos que sean requeridos por autoridad judicial competente, en el cobro de este impuesto”. Esto se debió a que todo el que no portaba un recibo de libre transito, era detenido y para dejarlo en libertad tenía que pagar 5 dólares, dinero que iba a parar a manos de Trujillo.

En aquella ocasión, el diputado Licairac relató un incidente: “Yo si estoy con que se apruebe esa ley, porque la Policía Nacional Dominicana está cometiendo grandes abusos en los campos con ese motivo”. Otro diputado, de apellido Ferrer, planteo que “era necesario aprobar esa ley, porque se estaba haciendo negocios con los fondos de caminos, y que hay camino que deberían producir $5,0000.00 (y) no han producido la mitad”. En el mismo año, “la cámara de Cuentas mantenía en suspenso 18 mil pesos de la Policía Nacional Dominicana, debido a que esta no había podido rendir cuenta y observando: “de manera que eso acusa muy mala administración”. Pero hay más; cuando en la Cámara de Diputados se estaba discutiendo el presupuesto de la Policía Nacional para 1926, el diputado Brache critico que la PND contrajera deudas por 37 mil pesos sin contar con la autorización del Congreso y aclaraba que eso era: “darle una autorización tacita para que mañana nuevamente, comience a enredarse, segura que nuevamente se le van a pagar sus enredos”. Recuérdese que desde 1924 la Republica estaba gobernada por el general Horacio Vásquez, quien fue muy criticado por la corrupción bajo su mandato, lo que provoco que 1929 Vásquez solicitara la intervención de una delegación de especialistas norteamericanos para realizar una especie de auditoria de los gastos del gobierno. Esta fue conocida como la Comisión Dawes, que al tratar las finanzas del Ejército Nacional planteó entre otras cosas: 

“Gastos tales como: compra de ropa, raciones, compra de gasolina, de aceite, reparaciones y gastos de contingencias, son arbitrariamente calculados. (…). La Comisión presenta varias partidas que agregan la suma de $529,875.00 que son infundadamente calculados. La Comisión opina que se podría lograr un gran ahorro siempre y cuando se haga una supervisión más científica y más estrecha”. Lo que estaba destacando la Comisión, de manera discreta, era la corrupción que existía en el Ejército Nacional bajo la jefatura de Trujillo.

Horacio Vásquez fue derrocado el 23 de febrero de 1930 y a partir de ese momento, ya Trujillo no tendrá límites en la acumulación de riquezas. Los mecanismos fueron diversos y casi siempre amparados en alguna legislación. Los documentos producidos por la propia dictadura son suficientes para demostrar cómo era que Trujillo utilizaba el Estado dominicano para enriquecerse o disfrutar de los bienes del pueblo dominicano. Veamos algunos ejemplos: 

Trujillo respetó a empresarios burgueses, aunque a través de una política parcialmente monopólica afectó a sectores de los mismos , lo que incidió en la acumulación de capitales en beneficio propio y el de su grupo. Esos monopolios abarcaron diversos sectores de la economía como fueron el de la carne, la sal, la leche, las compañías de seguro y cigarrillos, impidiendo la aparición de empresas similares o haciendo que las existentes salieran del mercado en base a la extorsión y hasta la persecución política, como aconteció con Barleta y Michelena. 

Un caso sintomático de la forma en que se producía el monopolio, se puede apreciar en la fabricación de cigarrillos: se dio el caso de que William G. Walsh, empresario de la ciudad de Nueva York, visitó el país con el fin de instalar una “factorías modernas de cigarrillos capaz de elaborar un producto de superior calidad que se pueda vender en competencia con las otras marcas existentes en el país”. Este empresario norteamericano se relacionó en este negocio con el italiano Amadeo Barletta quien tendría a su cargo la administración y la venta de los productos elaborados en la empresa. Barletta fue implicado en una conspiración en 1935, quedando la referida empresa, además de la Santo Domingo Motors bajo el control de Trujillo.” 

En los casos más descarados, Trujillo se valió de leyes que permitían la expropiación de las empresas y bienes de las personas acusadas de conspirar contra la estabilidad del Estado. Apoyado en ella, Trujillo terminó quedándose con las propiedades de sus enemigos políticos. 

Trujillo convirtió el Estado en un negocio particular y llegó un momento en que ya el pueblo no distinguía entre lo que era propiedad de Trujillo o propiedad del Estado. Solo él y la “Oficina particular del presidente”, tenían conocimientos de todas las actividades fraudulentas que se venían ejecutando, a través del partido, el Ejército y la estructura del Estado.

Muchas de las obras públicas del país, con recursos asignados en el presupuesto, eran construidas por dominicanos que en ocasiones, para justificar la acción fraudulenta eran declarados como vagos, como sucedió en 1930 cuando el gobierno inició una campaña contra supuestos vagos en la ciudad de Santo Domingo. La orden de Trujillo indicaba que todos “los hombres hábiles, sorprendidos en delito de vagancia, deben ser utilizados en los trabajos de las carreteras”. 

En 1941, en el libro puesto a circular por Eliades Acosta, aparece el documento que prueba la utilización de campesinos en las propiedades de los Trujillo, cuando uno de ellos se atrevió a denunciar: “nosotros somos cincos compañeros que hemos ido a La Mata a trabajar ; (…) y ahora el raso De León ha inventado un camino para ir a su conuco (…) y ha puesto la gente a trabajar de balde y cuando nosotros decimos que ese camino es perdiendo su tiempo que está, entonces nos dijo que ese camino era del mayor Trujillo y del Presidente y también ha puesto una alambrada para su conuco las gentes de balde. A nosotros si fuera el camino para el Mayor o para el Presidente, nosotros no negaríamos de hacerlo, (…), pues nos quita todas las semanas el lunes y el jueves; (…) he faltado dos veces al camino y me ha echado diez días preso” . 

Interesante resulta un mecanismo, que yo he llamado de “donación voluntaria”, para beneficiar a Trujillo, instaurado desde los primeros tiempos de la dictadura. Esa modalidad comenzó en 1930 con el regalo de un carro para Trujillo. 

En 1933, importantes funcionarios y miembros del Partido Dominicano, promovieron una campaña nacional para que los dominicanos se despojaran de sus bienes y aportaran recursos para la erección de una estatua a Trujillo, proponiendo que “cada ciudadano y cada extranjero contribuyera con 50 centavos para formar el fondo que se necesitaba para la misma. Esa estatua fue instalada en San Cristóbal., Las cotizaciones de la estatua recibida por el gobierno indicaban que el pueblo dominicano tendría que pagar entre 140 mil y 68 mil dólares, solo para satisfacer la megalomanía del dictador.

Igual sucedió para la construcción del Monumento de Santiago en 1946, para lo que se promovió la existencia de un comité nacional que logró reunir $81,000 pesos y el cheque, que salio publicado en el periódico La Nacion, estaba destinado para ser cobrado directamente por Trujillo. 

En 1933 los dominicanos decidieron despojarse de sus bienes para contribuir para la donación del yate de Trujillo. Otra embarcación adquirida por el Estado fue el “Guantánamo”. Inmediatamente se compró, fue armado “como buque para la defensa nacional” y bautizado con el nombre de “Presidente Trujillo”. La crónica del periódico La Opinión destaca el viaje de Trujillo a la región Sur conduciendo el mismo el vapor “Presidente Trujillo”.

Como parece que Trujillo y su familia tenían afición por los barcos, en 1939 quien recibió la donación de una embarcación lo fue Ramfis, y bautizada de inmediato como Yate Ramfis, el que antes llevó el nombre de “Camargo”, y que fue propiedad de Julio Fleischmann. El Miami Herald publico una nota, reproducida por el periódico Listín Diario, que me permito leer: 

“La esposa e hijos del Jefe del Ejercito de la República Dominicana a bordo del yate en espera de la llegada del Generalísimo y de sus ayudantes americanos antes de partir de visita a la Habana”. “Ramfis guía su propio bote de motor y tiene una perrera con 52 perros en su palacio dominicano. Él es dueño del único trailer (aparato que se agrega a un automóvil) que hay en la república y lo usa en sus frecuentes paseos al campo, conduciendo a sus compañeritos y a los perros. A bordo del yate hay seis de esos perros”.

En 1937 el presidente decidió construir un parque para Ramfis, su hijo favorito, y como siempre lo hizo con el dinero del Estado y la contribución “voluntaria” de los empleados y militares. Todas las secretarías de Estado apartaron partidas de su presupuesto con ese fin. 

Cuando era necesario seguir llenando los bolsillos del presidente, los soldados, los presos y los empleados siempre estaban presentes, como lo demuestran numerosos informes de oficiales del Ejército. Cito: “Retornado, informando a Usted (…), que de los 261 presos que hay recluidos en las caréceles de Boca Nigua y en la cárcel de esta, no se puede disponer en la actualidad que trabajen 170 presos en la construcción de la nueva fortaleza, por la razón de que muchos de esos presos se encuentran enfermos e inutilizables para el trabajo, y además que de esos 261 hay 33 presos haciendo trabajos en la Finca del Honorable Señor Presidente.” En otro informe del Ejercito en 1942, El oficial de la cárcel informo al comandante en Jefe del Ejército sobre los presos que trabajaban en diferentes lugares: en la propiedad de Pedro V. Trujillo 51; en la de Romeo Trujillo 4; Arismendy Trujillo, 2; en casa de Nieves Trujillo 4 y en la Mansión presidencial, 6. 

Un trabajo hecho publicar por Félix W. Bernardino, deja totalmente evidenciado la situación de los prisioneros durante la dictadura: Los agricultores se envían periódicamente a las distintas colonias agrícolas del Estado, de donde hemos visto salir a muchos hombres, luego de haber cumplido su condena, con la preparación necesaria, y habituados a la agricultura. (…).Los presos de la cárcel de la Fortaleza Ozama son utilizados en labores que redundan en un beneficio positivo para la sociedad: la construcción de edificios públicos, cuarteles, militares, campos de aterrizaje, limpieza de cuarteles, colonias agrícolas, etc.” 

Mientras que en otro informe se le requiere a los oficiales impartir ordenes de “lugar a cada uno de los oficiales de sus respectivas dependencia, a fin de que estos den sus contribuciones para un regalo que la oficialidad del Ejercito hará al General de Brigada Héctor Bienvenido Trujillo Molina (…) consistente en un par de espolines con cadena, todo de oro de 14 kilates. Y aclaraba la orden, que ese dinero debía descontarse del sueldo de abril de 1937. Esa era la forma voluntaria con la que Trujillo esquilmaba a los dominicanos.

En cuanto a los empleados, existen en los fondos del Archivo General de la Nación numerosos documentos que demuestran la forma en que el gobierno los despojaba de sus exiguos salarios, pues “en algunas comunes de la República se obliga a los empleados municipales a pagar un tanto por ciento del sueldo que perciben, en provecho de lideres políticos, o para fines políticos”. , igual sucedía cuando había la intención de construir algunas obras publicas o para adular al tirano, llegándose a descontarle hasta el 5 % por varios meses consecutivos. , o simplemente eran designados para trabajar en casa de algunos de los familiares de Trujillo. 

Resulta alarmante la forma en que los Trujillo o algunos de sus familiares más cercanos, se apropiaban de las propiedades ajenas, encubriendo sus acciones con el nombre de testaferros. Basta con leer la carta enviada por el Lic. Rafael Alburquerque Zaya Bazán a Trujillo en 1937, denunciando a uno de los familiares del Jefe. El padre del exvicepresidente Alburquerque denunció como salvaje el atentado de que fue victima de parte de Arismendy Trujillo en su bufete de abogado: “Estaba llevando un caso de revisión de fraude de unas 300 tareas en la común de San Cristóbal en contra de Alejandrina Pérez. “Hoy en la mañana, acompañado del señor Rafael Dacosta Gómez (a) Chicha, irrumpió en el apartamento privado de mi oficina, el señor J. Arismendy Trujillo Molina, demandándome imperativamente “si había meditado el asunto al enviar la citación para la audiencia, que recibió” (…). Acto seguido se abalanzó sobre mi, en actitud agresiva, mientras decía “que esa propiedad era de él”, viendo que yo retrocedía, sacó la pistola que portaba y me lanzó un maquinazo a la cabeza, golpe que recibí en el brazo izquierdo, al defenderme. Entonces, diciendo palabras groseras e insultantes para mi persona, sobó la pistola, me apuntó, y a no ser por la pronta intervención del amigo Lic. Cesar L. Romero, que se interpuso entre nosotros y a quien agarró por el cuello, no se habría evitado la consumación de sus propósitos. (...). Honorable Señor Presidente de la República, por lo que me dirijo a Ud. no con la intención de que Ud. sancione los hechos cometidos, sino con el propósito de que con su garantía, pueda yo quedar a resguardo de posteriores ataques”. 

Por otro lado, Trujillo tenía la modalidad de alquilar muchas de sus propiedades a cuenta del Estado y a precio “consignado en el presupuesto vigente” o utilizaba la modalidad de la permuta como un instrumento fraudulento, de modo que obtenía terrenos de buena calidad y entregaba terrenos que no servían para labores agrícolas. En estas acciones no dejaba de participar el Partido Dominicano, instrumentos utilizados para su enriquecimiento, pues a través de él se apropiaba del 10% de los salarios de los empleados del Estado; pero también de las propiedades de muchos dominicanos, que por miedo a la dictadura aceptaban que se les despojase de sus tierras. Además de que Trujillo vendía sus propiedades al Estado a precios exorbitantes, como sucedió con la Finca San Rafael, la cual fue vendida a la Secretaria de Agricultura para el establecimiento de la escuela provincial de Agricultura. 

Creo que sería muy interesante, que algún investigador pudiera tipificar la forma en que Trujillo utilizaba el Estado para su enriquecimiento ilícito, porque no es posible que una persona por más general o dictador que fuera, pudiera acumular 300 millones de dólares recibiendo salarios que nunca pasaron de los mil dólares mensuales. También sería interesante cuantificar la fortuna en manos de la familia Trujillo e incluir a sus más cercanos colaboradores. Talvez así, y de una manera contundente, los herederos del dictador dejarían de seguir reivindicando las bondades y honestidad de Trujillo y sus familiares.
(Resumen de la ponencia presentada en el Panel: “Crímenes, delitos y dictadura: en los documentos está la verdad”. Archivo General de la Nación, 22 de noviembre del 2012).

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