jueves, 1 de mayo de 2014

1961; ¿Por qué pagaste los platos rotos?

EXTRACTO

HILARIA ¿POR QUÉ PAGASTE LOS PLATOS ROTOS?

Para incluir una muestra del trato que recibieron los muchos empleados de los conjurados que fueron detenidos para ser interrogados, maltratados y algunos desaparecidos, reproducimos aquí el relato que hace el reconocido periodista Tony Piña sobre la detención, tortura y falsa acusación contra Hilaria Balbuena, humilde empleada doméstica de Juan Tomás Díaz. Silvio era el jardinero, quien también fue detenido y torturado. Franklin es el hijo de Juan Tomás Díaz. Ninguno de los tres sabía nada del complot ni de los sucesos trascendentales de esa noche. Otros empleados de otros conjurados fueron asesinados. Estamos investigando esos casos.

Lo siguiente es un extracto de un largo artículo que escribió Tony Piña sobre la noche del 30 de mayo, 1961 con base en la bibliografía al final (ver abajo) que incluye libros de los dos más cercanos colaboradores de Trujillo (Balaguer y Alvarez Pina) y sus propios conocimientos sobre los eventos.  

Artículo: Hilaria, ¿porque pagaste los platos rotos? 
Por Tony Piña
Diariodigitaldominicano.com

A continuación reproducimos la parte en que la guardia y agentes del SIM van a la casa de Juan Tomás Díaz a detenerlo la noche del 30 de mayo, 1961 y no lo encuentran:

“Ocho policías y cuatro hombres vestidos de civil, armados con ametralladoras, se dirigieron a la casa de Juan Tomás Díaz. -¿Dónde está Juan Tomás?, preguntó uno de los oficiales del grupo a Franklin. –“No sé nada, cuando yo regresé a la casa ni mamá ni papá se estaban”, respondió al tiempo que era esposado y abofeteado cuando a empujones era introducido a uno de los vehículos. 

Hilaria, pegada a la pared por un sujeto que le apunta con una metralleta, fue igualmente esposada y golpeada, y a empujones también metida a uno de los carros cepillos. Silvio salió con las manos arriba de su habitación, contigua al garaje, y cayó de bruces cuando recibió un culatazo en el estómago.

-Ay, Dios mío, aquí, vengan, aquí está el cadáver del Jefe-, gritó uno de los policías que revisaba el garaje y de un disparo había roto el cerradura del llavín del baúl del automóvil. En tropel llegaron los demás agentes a presenciar el suceso. Un coronel, radio en mano, llamó a la jefatura de la Policía Nacional y comunicó la noticia.

Militares y policías fueron desplazados a las inmediaciones de las residencias de los sospechosos y hacia lugares estratégicos de Santo Domingo, como en los puentes y en las afueras. 

El aparato represivo del SIM incursionó violentamente en las casas de los principales cabecillas del ajusticiamiento. Gazcue se convirtió en una zona militarizada.

Lejos de donde se movilizaba la represión del régimen, Hilaria Balbuena atravesaba por la prueba de su vida.

-“Sí, sí, ésos son; no me den más; ¡yo soy sólo la sirvienta…!”, decía entre gritos Hilaria, implorando que no le dieran más golpe, la primera vez que esa misma madrugada fue interrogada en la cárcel de La 40.

-Me desnudaron todo mi cuerpo, desgarrándome la ropa, me acostaron en una mesa de espaldas y luego me amarraron los pies y las manos.

¡Ay, qué momentos más terribles y dolorosos fueron para mía esos días! Nadie preguntaba por mí; no me daban comida, y, lo peor, mi familia nunca se imaginaba por el infierno que estaba viviendo…, y eso, luego me decía, que era lo mejor para evitar que ellos [su familia] sufrieran”. 

No pasaba una hora, cada vez que querían saber algún detalle de los Díaz, sin que Hilaria no fuera torturada, y cuando creyó, como le aseguró un policía, que después que la bajaran donde el fiscal del Distrito Nacional sus suplicios terminarían, cuán equivocada, porque esa tarde recibió una de las peores palizas.

¿Y cuándo fue la última vez que vio juntos a Chana y Juan Tomás?, le preguntaban y otra vez repetía: “Cuando salieron al cumpleaños de su hija, después de la cena; y yo me queden lavando los platos de la cena…”. Y otra vez otra bofetada.

A los tres días, cuando terminó el interrogatorio, Hilaria pidió a uno de los agentes que le permitiera leer el periódico que estaba encima del escritorio, y creyendo que se lo negarían, el policía, en cambio, se lo pasó; y ella, ya en su celda, viendo los titulares del tiranicidio y las fotos de Trujillo y las de quienes les mataron, leyó el réquiem que por el alma del tirano escribió en El Caribe Manuel Luna Vásquez: “Haz que suenen las célicas trompetas y se abran los divinos portales, para que entre a las mansiones celestiales, el Inmortal Padre de la Patria Nueva…”.

Haz que suenen las célicas trompetas y se abran…., ¿y quién, quién abriría los ‘divinos portales’ a esta infeliz mujer inocente y, sin embargo, cruelmente masacrada?

Vestida con la ropa de una reclusa, acusada de matar a puñaladas a su marido en el sector de Villas Agrícolas [acusación falsa], Hilaria fue presentada ante el juez de la sumaria, dos semanas después de su confinamiento.

Ahí volvió a ver Silvio, que trabajosamente podía sostenerse de pie, y a otras personas a las cuales no conocía. No pudo decirle nada, pese a que estaban juntos, pero ambos se decían las calamidades que habían pasado a través de sus miradas.

Y en ese momento la secretaria del tribunal les leyó la providencia calificativa que los enviaba a todos por ante un tribunal criminal…, y en lo que respecta a ella “encontrada culpable del delito de ocultación de criminales que acabaron con la vida del Ilustre Jefe y Generalísimo Rafael Leónidas Trujillo Molina, además de sustraer, para provecho propio, un maletín con una suma extraordinaria de dinero, el cual le fue entregado por Antonio de la Maza, muerto días después durante un enfrentamiento con los agentes al servicio del orden público…” (6).

BIBLIOGRAFÍA:



1)Memorias de Virgilio Alvarez Pina, presidente del Partido Dominicano y secretario de Interior y Policía durante períodos intercalados durante los 31 años de la dictadura trujillista.

2)Memorias de un Cortesano en la Corte, Joaquín Balaguer, presidente títere cuando el ajusticiamiento y luego cinco veces presidente constitucional de la República Dominicana (1966-68 y 1984-94).

3)La Trágica Aventura del Poder Personal, John B. Wassler.

4)Interrogatorio practicado a Hilaria Balbuena por el juez de Instrucción.

5)El complot que acabó con la vida de Trujillo, Víctor Grimaldi (Listín Diario, 29-5-1989).

6)Conclusiones de la providencia calificativa que envió a juicio de fondo a los acusados de matar a Trujillo.



Nota del autor: Algunas secuencias de los hechos fueron cruzadas con otros autores, a fin de procurar la versión que más se corresponda con la verdad histórica, la cual, sin embargo, no necesariamente es la verdad absoluta, tan contradictoria y difícil de establecer en cualquier circunstancia de la vida.

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